Pirineo
Breve paso por la montaña este fin de semana; viento, sol y una Collarada majestuosa, espléndida.

El sábado por la mañana pasamos por O’Xortical a por nuestra ración de buen queso de oveja (que vicio oigan). Me gusta ese lugar.
Ainhoa tenía mucho interés en ir; suponía que “Pipas” había tenido ya sus cachorritos y no podía esperar a conocerlos. Tuvo su recompensa:


Siempre que la ve, Santiago le pregunta con cariño: pero tú ¿de qué cuento has salido? y Ainhoa le contesta coquetuela que de Zaragoza y enfila decidida hacia arriba, donde sabe están los bichos..
El sábado se enfadó con nosotros porque quería quedarse allí a ayudarle con Pipas y los perricos, con las ovejas que le chupaban la mano, con las enormes ocas que la perseguían amenazadoras (menudos picos)…
Nos la llevamos a regañadientes con un huevo de pato para cenar (encima) y todas las maldiciones que uno pueda imaginar en la boca de una niña decepcionada (creo que jamás la he bajado de un tiovivo tan enfadada).
Ainhoa se siente bien en lugares así, como cuando nos damos los paseícos con nuestra querida Loreto para ver a Tristán y a Margarita

….adora a los animales, es feliz entre ellos, creo que es su sitio. También el de Daniel.
Mis hijos dicen a menudo que quieren vivir en la montaña y yo les comprendo, todo allí les sonríe. Tiempo para estar los cuatro juntos, tranquilidad, animales, nieve, sol, gente siempre encantadora con ellos….algún día entenderán que no todo es así. Que la vida allí es dura, que hay pocas oportunidades, que la gente de la montaña se siente olvidada (cuando no manoseada)... que todo es condenadamente difícil, mucho más de lo que vemos.
Llegará, y entonces espero que sepan distinguir y valorar todo eso. Apreciarlo, quererlo no hace falta: eso es evidente que está hecho.







