Solo pretendíamos pasar un día de fiestas agradable: pasear un poco por el pueblo, que los chicos se montaran en las "ferias"..
Cuando cogí el programa de fiestas y me encontré con esto (fijaos bien en los actos previstos para las 19,00h.) me dió un vuelco el cuerpo; una intentando hacer llegar a las "altas autoridades" el mensaje de que espectáculos de ese tipo han de eliminarse y se deja a los de casa. Parezco tonta.
No tuvimos valor de salir, lo reconozco. Os parecerá estúpido pero me negué en redondo en pasear con mi hija por un pueblo que minutos más tarde se iba a regodear en ver a un grupo de acondroplásicos como ella haciendo el tonto. No sé si quienes nos conocen allí se acordaron de nosotros y de nuestra hija durante el espectáculo. Ni como se sintieron.
Este tema de los espectáculos mal llamados cómico-taurinos en los que actúan personas con enanismo ha estado y estará siempre en el ojo del huracán. No pretendo sentar cátedra pero creo que, por la parte que me toca, tengo derecho a expresar mi opinión y así lo he hecho enviando un correo al ayuntamiento para que conozcan mi malestar.
Copio aquí parte de la carta que les escribí anoche, precipitada y dolida, para que entendáis mis argumentos.
"Me dirijo a Vds. con el propósito de hacerles llegar el profundo malestar que nos ha supuesto a mi marido y a mí comprobar como esta tarde, entre los festejos programados por su Ayuntamiento para celebrar las fiestas en honor de San Antonio, habrá tenido lugar una exhibición del "espectáculo" EL CHINO TORERO Y SUS ENANITOS FORCADOS.
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Seguro que a ninguno de ustedes se le escapa lo difícil que ha sido y es ser "enano": las burlas, el ninguneo, la exclusión que ha padecido (y padece) la gente como mi hija no tiene perdón ni justificación en la sociedad del siglo XXI así que no entiendo qué sentido tiene perpetuar ese concepto.
Me refiero a la insistencia en mantener clásicos como el "espectáculo" que han ofrecido esta tarde y que no ayudan en absoluto a que la gente con enanismo consiga el respeto que merece. Al contrario: generalmente son un buen caldo de cultivo para chistes, abusos y bromas de mal gusto. Estoy segura de que ninguno de ustedes necesita que se lo demuestre.
De todas formas, afortunadamente, mi hija no irá el lunes a clase con los niños que hoy se habrán reído de quienes son como ella.
Tampoco esta tarde habrán pasado por la plaza en ese rato mis cuñados, mis sobrinas y otros familiares, vecinos de esa localidad, que con nosotros se han sorprendido y avergonzado al leer el programa de esta tarde.
Y no me vale que me digan que estos señores viven de eso.
Yo no puedo justificar que gente plenamente capacitada para ganarse la vida de múltiples formas (la acondroplasia no supone retraso mental alguno: su coeficiente mental es como el de cualquiera. Su único límite es la altura, no lo olviden) elija hacerlo perpetuando la burla hacia un colectivo tan maltratado a lo largo del tiempo.
Ni siquiera cuando ellos mismos pertenecen a dicho colectivo.
Considero que mi hija y los niños que siguen naciendo con enanismo, así como los jóvenes y adultos acondroplásicos que quieren vivir con normalidad, merecen que haya un cambio de actitud hacia ellos y esta no es la mejor forma de conseguirlo.
No me cabe la menor duda de que no habrá existido mala intención al contratar ese espectáculo pero me parece que, de ahora en adelante, sería interesante dejar de hacer siempre lo mismo y empezar a pensar, también desde los programas de fiestas, que hay cosas que merecen algo más de sensibilidad y respeto.
Espero que alguien de esa corporación tome en cuenta mi carta.
Quizá sea un buen momento para plantear alguna actuación que, lejos de seguir la rutina de reírse de los demás, ayuda a sus convecinos a pensar en la gente diferente y en lo que merece.
Por el momento, entenderán, nosotros hemos vuelto a Zaragoza sin pisar la plaza, como si hoy fuese un domingo cualquiera.
Ya gastaremos la ’propina de las ferias’ en otro momento."