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Un nuevo horizonte.
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Se muestran los artículos pertenecientes al tema Senderos y montaña. El sábado volvimos a Santa María de Iguácel (he hablado varias veces de ese paseo: aquí y aquí pero no me resisto a nombrarlo de nuevo). Una mañana soleada y ventosa perfecta para recorrer el precioso valle de La Garcipollera (espléndido tras este invierno de nieves) y llegar a la hermosa ermita de la Virgen de Iguácel En estas fechas con regalo incluido: es posible visitar su interior. Durante los meses de julio y agosto la ermita permanece abierta de 9,00h a 19,00h. Os aseguro que merece la pena…es una auténtica belleza Como ya os conté una vez, la talla de la virgen es una reproducción del original (que se encuentra, creo, en el Museo Diocesano de Huesca) pero no importa. Una se queda enamorada de esas pinturas, de la sencillez de los muros de piedra..de esa humildad hermosa que tiene el románico. Por favor, si tenéis oportunidad no dejéis de visitarla. Es un verdadero regalo del tiempo. **** Me quedan exactamente 12 páginas para terminar La Lluvia Amarilla, de Julio Llamazares, un libro que deseaba hace tiempo. Ayer, subiendo Monrepós, leía: “..de pronto, hacia las dos o las tres de la mañana, un viento suave se abrió paso por el río y la ventana y el tejado del molino se llenaron de repente de una lluvia compacta y amarilla. Eran las hojas muertas de los chopos, que caían, la lenta y mansa lluvia del otoño que de nuevo regresaba a las montañas para cubrir los campos de oro viejo y los caminos y los pueblos con una dulce y brutal melancolía. A partir de aquella noche, el óxido fue ya mi única memoria y el único paisaje de mi vida. Durante cinco o seis semanas, las hojas de los chopos borraron los caminos y cegaron las presas y entraron en mi alma como en las habitaciones vacías de las casas.” No puedo explicar el cúmulo de sentimientos que me ha provocado este libro; es increíble como se puede explicar con tanta belleza una historia inmensamente dura, dolorosa… llena de desesperanza. A pesar de su ultimátum, este fin de semana mi santo se animó a cargar de nuevo a Ainhoa a su espalda y pudimos disfrutar de un hermosísimo paseo. Esta vez elegimos uno de los parajes más conocidos y hermosos del Valle del Aragón: La Canal Roya. Saliendo de Canfranc-Estación en dirección a la estación de esquí de Candanchú llegamos a una curva (aprox. Km. 671 de la N-330) desde la que divisamos el barranco de Rioseta y que tiene un pequeño parking a la derecha. Allí dejamos el coche e iniciamos el paseo Nada más subir el primer repecho (pequeño) nos encontramos con una curiosidad: Se trata de la Chimenea del Anglasé, y es lo que queda de una antigua “fundería” de hierro y cobre que se remonta al siglo XVI. Seguimos el camino envueltos en un bosque de pinos que nos aseguró una temperatura agradable para un día de julio La caminata es suave, no hay mucha pendiente. No dejas de escuchar el estruendo del río Aragón y, en estas fechas, el mugido de las vacas que pastan en lo alto a lo lejos (para gozo de Ainhoa). Pasados unos quince minutos nos encontramos con la Fuente del Cerezo..mmmm, agua fresquita Buen trago de agua, “chipiamientos” diversos y en marcha de nuevo. Enseguida el valle se abre y seguimos la andada sin el cobijo de los pinos Todo aquello está plagado de flores ahora…sobre todo de lirios y de una especie de “cardos azules” que ya habíamos visto en la cara francesa y son preciosos. Un espectáculo, en serio De verdad, el paisaje es maravilloso y durante el tramo que puedes recorrer en una hora no hay demasiada pendiente. Nosotros paramos transcurrido ese tiempo: maridín no podía ya con “la mochila” y encontramos un acceso al río tentador para reponer fuerzas pero el recorrido sigue hasta los ibones del Anayet , o hasta Formigal incluso (estamos en el GR11). Realmente merece la pena, tengas el nivel que tengas. Me parece que hay un tramo para cada posibilidad y eso está fenomenal. Nosotros...lo dicho, no damos para más con "el paquete" así que dimos media vuelta y regresamos la mar de contentos "hacia la bozalera" disfrutando de nuevo del hermosísimo paisaje. Venga, paseo apto para todos. Animarse. ..pues juzgad vosotros mismos. Estuve pensando poner música pero al final he dejado el mini-vídeo con el estruendo del agua: así estaba la Bal d’Igüer este sábado por la mañana. Un sueño. .... me dice Lo en un correo lleno de fotos preciosas. Pues eso: Tristán y Margarita por fin están juntos. Parece que la chica tiene genio, a ver, así que habrá que cruzar los dedos. De momento ayer hubo instrucciones claras para Tris: "si la ves nerviosa esta noche le cuentas un cuento". ¡Ah, que bueno!. Este domingo volvimos a “las andadas” y decidimos hacer una excursión que hace tiempo llevábamos en mente: llegar a Cenarbe, un pueblo perteneciente al término municipal de Villanúa que fue abandonado allá por 1966. Para llegar allí tomamos desde Villanúa la carretera que lleva al cementerio del pueblo. Pasados unos metros del camposanto el camino, ya sin asfaltar, nos lleva hasta el viaducto del ferrocarril de Canfranc desde donde, por cierto, hay unas magníficas vistas Pocos metros después encontramos una barrera donde dejamos el coche e iniciamos la marcha a pie por un camino forestal amplio y cómodo. La mañana estaba soleada y ventosa así que era ideal para un recorrido así. No tardamos en encontrarnos con la ermita de San Juan,.. … único resto de Izuel, pueblo medieval que desapareció como tal en el siglo XIV pasando a ser una pardina (algo así como una granja al cuidado de una familia que la habitaba en arriendo, creo yo) que fue definitivamente desalojada en 1843. La ermita está restaurada al menos en lo que se refiere al edificio, porque, eso sí, los dibujos del interior no tienen desperdicio…. Creo que la gente de la zona acude en romería a visitarla el último domingo de junio. Seguimos camino por la pista (ideal para bici de montaña) con el convencimiento de que estábamos salvando mayor desnivel del que parecía a simple vista.. ..rodeados de boj y pinos (supongo que esos pinos laricios con que se repobló la zona) y sin dejar de comprobar que este ha sido un invierno de nieves. Por cualquier esquina surgía una boca de agua fresca y ruidosa… Como no estamos lo que se dice entrenados para la caminata, tardamos casi tres cuartos de hora en divisar la torre de la iglesia de Cenarbe y nos quedaba el mayor repecho.. ..pero pronto tuvimos recompensa He leído que Cenarbe, junto con otros pueblos de La Garcipollera, fue expropiado a mediados del siglo pasado con el objeto de repoblar con pino esa zona y evitar así que la erosión arrastrase tierra hacia el recién construido embalse de Yesa. Daniel se quedó muy sorprendido por el aspecto del pueblo: él esperaba ver casas medio derruidas en las que “investigar” y sin embargo se encontró con que solo quedaba en pie la iglesia. De lo que fueron casas solo quedan piedras aquí y allá envueltas en zarzas No hemos tardado en conocer el motivo: las casas fueron dinamitadas supuestamente para evitar problemas con el ganado del centro experimental que la DGA tiene en Bescós pero yo casi me inclino por creerme esa otra teoría que dice que se garantizaron así que sus antiguos moradores no regresaran al pueblo. Queda pues en pie únicamente la iglesia (¿?): un templo románico del Siglo XII dedicada a San Pedro aunque, la verdad, tampoco está en buen estado.. A sus pies recuperamos el resuello: descansamos de la caminata y respiramos un poco ese aire triste que siempre exhala un lugar abandonado. No dejamos de imaginar como sería la vida allí, en un sitio tan duro y a la vez tan hermoso…. Tras esa pausa retomamos el camino de vuelta muy satisfechos pero, eso sí, mi santo lo ha dejado claro: el próximo paseo "en cuesta" Ainhoa tendrá que ir en carro. Lo de la niña en la mochila (son 15 Kg. de "MP4") para los que estén preparados. Teniendo en cuenta que la mendas tampoco está lo que se dice en forma, tendré que hacerle caso y estudiar "bajo otro prisma" los próximos itinerarios. Ays.. Hace un par de semanas nos propusimos retomar nuestro afán andarín por los senderos del Pirineo. Este invierno ha sido duro y el verano pasado estuvimos algo vagos con el tema (mi santo no se veía con fuerzas de cargar con Ainhoa a la espalda) así que, en vista del soberbio desentreno, decidimos empezar por lo fácil: una visita a la Bal d’Igüer, uno de nuestros lugares favoritos. No es frecuente tener acceso fácil a un lugar tan hermoso cuando se va con niños. Este barranco próximo a la localidad de Aisa es uno de esos sitios a los que se puede acudir sin problemas así que solemos ir con relativa frecuencia (amén de que en verano, para alborozo de Ainhoa y Daniel, suele estar lleno de vacas pastando por ahí a sus anchas; el aliciente definitivo.) Así que, aunque después de las fuertes nevadas yo no tenía muy claro que pudiésemos llegar hasta el final, hacia allí enfilamos el domingo por la mañana. Salimos de Villanúa y enseguida nos desviamos a la derecha para pasar Aratores, después Borau y luego Aisa Pasados unos 2 km. desde Aisa giramos hacia la derecha por una pista forestal asfaltada que tras unos 6 km. termina en una reja metálica en cuyos alrededores se dejan los coches para continuar a pie el acceso al barranco..... en condiciones normales, claro, porque esta vez no pudo ser. Un par de kilómetros antes de llegar a esa reja nos encontramos con la sorpresa.... Segun nos comentaron unos caminantes que nos cruzamos, el alud se produjo a finales de enero pero ahora, ya avanzado el mes de marzo, continúa cortando el paso y no hay forma de seguir el camino si no llevas crampones o raquetas... Reconozco que nunca había visto de cerca el resultado de un alud y ver aquellos pinos enormes tirados como acelgas me impresionó bastante. A partir de ahí, como digo, el camino era inaccesible para nosotros... ...así que, dispuestos a no perder la mañana, decidimos dar una vuelta por los alrededores y nos encontramos con la agradable sorpresa de una especie de área de recreo preciosa junto al río allí mismo. El sitio invita a paseo por los alrededores, bocata y remojete de pies (en verano claro; el otro día el agua estaba helada.. deliciosa). Pues así resolvimos la mañana, y os aseguro que mereció la pena. Nos conformamos con ver de lejos el pico Lecherín y el Rigüelo dejando para otro día acercarnos por allí de nuevo.. Javier López Clemente me preguntó hace poco por qué me gustaba tanto la montaña y no recuerdo qué le contesté pero ahora solo se me ocurre decir que me hace feliz. No sé explicarlo. La sensación de respirar una incipiente primavera junto a esas nieves que se resisten a desaparecer, el sol, el silencio roto por el rugido del agua bajando furiosa .... es algo mágico. ¿Os acordáis que hablé aquí hace un tiempo de Santa María de Iguácel? Aquel día os contaba nuestro paseo por La Garcipollera y el descubrimiento de esa preciosa ermita al final del camino. Hemos recorrido ya varias veces ese valle, es una delicia, pero hasta este sábado no habíamos coincidido con la ermita abierta y no os podéis imaginar la alegría que nos llevamos al poder entrar. No es para menos: ¡¡¡ES PRECIOSA!!!..disculpad la calidad de la foto pero no tenía trípode: mi pulso y mi cámara no dan para más fotografiando sin flash. Creo que, gracias a la Asociación Sancho Ramírez de Jaca, permanecerá abierta durante el día hasta mediados de septiembre así que no perdáis oportunidad de visitarla. Es un paseo fácil (también se puede llegar a las inmediaciones en coche, la pista no está mal, pero merece la pena ir caminando) y la recompensa, os lo aseguro, es de las mejores. Llevaos bocata: allí hay una fuente de agua fresquita y apetece un ágape a la sombra en un lugar tan hermoso. Eso sí, la talla de la Virgen de Iguácel que está en el altar es una copia: el original lo podéis disfrutar en el Pabellón de Aragón de la Expo (me lo chivó "carritos" después del último blogellón y lo pude comprobar en mi visita). Dejo también aquí la foto que le hice (con el consiguiente reflejo del flash en la urna de cristal que la protege... qué le vamos a hacer). ¡Animaos! Jánovas, al fin, va a volver a los suyos. Me puedo hacer una idea de la emoción que esto ha supuesto para su gente sobre todo cuando leo a Inde esta mañana, pero mientras las "mentes pensantes" deciden (¿en justicia?) quien debe indemnizar a quien por tanto despropósito, me quedo con la alegría de este momento. Y esta maravillosa foto del pueblo tras el río Ara, de Jose Antonio Melendo. Enhorabuena. Mi hermano es un redomado montañero, ya os lo conté aquí, y lo es sobre todo porque disfruta tanto de las grandes ascensiones tipo Vignemale o Balaitous como de hacer una escapada pequeña por cualquier parte. Comparte conmigo también el gusto por la fotografía y suele enviarme correos con preciosas imágenes de los sitios por donde va. El otro día me hizo llegar unas fotos de la subida a la Sierra de Leyre: una pequeña escapada que hizo cerca de casa para curar el "mono" de paliza montañera. Me apetecía dejarlas aquí, este blog llevaba demasiados días sin su dosis de montaña. Uno ve esas imágenes y se reconcilia con casi todo. Aquí se puede ver al fondo el controvertido pantano de Yesa... Llevábamos mucho tiempo sin hacer una caminata de las nuestras y este fin de semana nos resarcimos con un precioso paseo de tres horas (ida y vuelta) del que, aunque no salvamos un gran desnivel, aún estamos resentidos (mi marido más que yo: "Inma, creo que esto de Ainhoa en la mochila ya no puede ser. No puede ser, no. Habrá que inventarse algo..."). Esta vez subimos en coche el puerto de Borau y, una vez pasado Aratorés, dejamos a la izquierda la carretera que lleva a Borau pueblo y tomamos a pié una pista que en tiempos debía estar asfaltada y que ahora parece más un "pedregal" pero por la que pudimos caminar sin problemas. Comentamos lo apropiada que nos parecía para bicicletas de montaña y luego he comprobado que debe ser una ruta conocida por la gente que practica ese deporte. No teníamos un destino claro; ni siquiera nos habíamos documentado como otras veces para ver el recorrido y, aunque cometimos la osadía de arrancar sin rumbo fijo, solo hizo falta abrir bien los ojos para recibir la recompensa. La Collarada vista desde otra perspectiva Castiello de Jaca y Peña Oroel al fondo... y las curiosidades que la naturaleza va dejando a nuestro paso Creo que la pista que tomamos debe terminar en Las Blancas pero nosotros solo llegamos hasta un refugio de pastores donde hicimos un pequeño descanso para tomar el camino de vuelta; no había que abusar del esfuerzo. Sé que las grandes cimas guardan auténticas maravillas pero uno ha de ser consciente de sus limitaciones (¡tantas!), y apreciar la belleza de lo que está en su mano....que no es poca. Yo, de verdad, necesitaba ese paseo. Necesitaba tomar aire en lo alto, escuchar ese silencio (hasta mis hijos, aunque solo a ratos, parecían respetar ese deseo) disparar una y otra vez la cámara para llenarme de colores .... y de la sencillez de lo pequeño. Muchas veces, de forma inconsciente, nos estancamos en rutinas absurdas cuando viajamos a determinados lugares. Me refiero a cosas como no dejar un solo día de ir a la playa cuando veraneamos cerca del mar (salvo que caigan chuzos de punta) perdiendo así la oportunidad de conocer algún pueblo cercano o, en estas fechas, presuponer que el único motivo para acudir a la montaña es poder esquiar. Claro, así pasa lo que pasa y se suceden inviernos, como el pasado, en los que la falta de nieve dejó los negocios del pirineo temblando. Nosotros partimos de la base de que el mero hecho de estar en la montaña nos llena, nos da una vida especial, nos gusta tanto..... así que los fines de semana que podemos ir, si no hace buen tiempo, nos conformamos con pasar allí poco más de un día cada uno en lo suyo: Daniel correteando por la calle, Ainhoa jugando con sus otros juguetes o viendo animales, mi marido paseando cuando amanece y yo con mis libros y mis papelotes delante del ventanal mirando la Collarada. Pero aún hay más cosas que merecen la pena, claro que sí. Solo hace falta molestarse en buscarlas, o reservar determinadas visitas a días complicados: cantidad de pueblos preciosos, algún que otro museo... Estas Navidades por ejemplo, un día que amaneció lloviendo con avaricia nos decidimos a visitar por fin la Cueva de las Güixas, en Villanúa. Es pequeña (creo que el recorrido no supera los 800 m.) pero muy bonita y la guía que nos acompañó encontró la forma de "picar" a Daniel para que siguiese atento sus explicaciones. Claro que hay un pequeño y evidente condicionante: no es posible visitarla con cochecito de niño ni silla de ruedas. El acceso a un lugar así para determinadas personas es muy complicado. Lo entiendo, pero es una pena. Nosotros aprovechamos todavía que Ainhoa es menuda y hacemos este tipo de excursiones con la mochila (mientras mi marido aguante.....). Volviendo a la cueva, nos contaron que estas grutas se formaron durante la última glaciación (la llamada época de Würm) y que en ellas se encontraron restos que evidencian que fueron en su momento "hogar" de los hombres del neolítico. También hablan de que durante la Guerra Civil sirvieron de refugio a combatientes pero ahora sus inquilinos son una colonia de murciélagos que deben hacer nido en una de sus naves (y que evidentemente, no están abiertas al público). Sin embargo el encanto mayor de visitarlas, al margen de su belleza natural, es dejarse envolver en la leyenda que guardan. Se habla de que las brujas del valle celebraban allí sus akelarres y lo hacían bajo la llamada "chimenea", un enorme agujero en el primer tramo del recorrido que se abre al cielo y deja entrar la luz a la cueva. No cuesta imaginar un lugar así de noche, viendo la luna por ese enorme hueco, y a las brujillas maquinando.... Siguiendo el recorrido la cueva gana en altura y llegas a la zona más hermosa: la llaman "la catedral". En ella estalactitas y estalagmitas se han compinchado para dibujar lo más parecido a un órgano que la naturaleza pueda crear. Dejo aquí un par de fotos aunque no le hagan justicia porque realmente es precioso. En fin, un lugar que merece la pena. Un poco de naturaleza e historia juntos para recorrer, bien abrigados eso sí, y pasar un buen rato. Ayer pudimos saludar a la tímida capa de nieve que, no se si de forma natural o forzada, comienza a cubrir una de las laderas de la estación. La gente se arremolinaba en el pequeño paño blanco: unos intentando aprovechar un remonte gratuito que estaba funcionando y otros, como nosotros, soltando a kamikazes como mi hijo para que bajase con el trineo por donde pronto no le permitirán hacerlo. Dos ideas me pasaron por la cabecilla de vuelta a casa: Es una lástima que una tierra tan hermosa vea limitado su desarrollo por los vaivenes del tiempo. El jueves, mientras bordeábamos el pantano de Yesa, Daniel no dejó de hacernos preguntas acerca de los pueblos abandonados que veía por el camino. Cuando llegamos a la altura de Escó vimos un grupo de personas que dejaban sus coches a un lado de la carretera y emprendían camino hacia el pueblo. Era el día de Todos los Santos y se nos ocurrió comentar que seguramente eran descendientes de antiguos habitantes que iban de visita al cementerio abandonado. Pasado un rato mi hijo hizo algo insólito en él: cogió un cuaderno y se puso a escribir algo que quiso leerme enseguida. Su primera redacción espontánea. No sé que me emocionó mas: si que saliera de él escribir algo (con lo que hay que batallar para que termine sus deberes diarios), que se hiciese tantas preguntas sobre un tema así o que fuese capaz de reducir a tres simples líneas comprensibles lo que le fuimos contando durante el camino. (Transcribo literalmente su "croniquilla". Solo he corregido un poco la puntuación y, ¡ay, si!, alguna falta de ortografía. La foto es del año pasado. Se trata de Escó, uno de los pueblos abandonados por la construcción del Pantano de Yesa.) CAMINO A VILLANUA Escós es un pueblo abandonado. Antes donde está el pantano de Yesa había campos, casas y cultivos. A la izquierda estaba Escós un pueblo que vivían pero un día pusieron una presa y inundó los cultivos y mucha gente se ahogó. (a ver, es un niño de 10 años, no olvidemos que a esa edad resulta imprescindible dar emoción a cualquier cosa). Los que vivían en Escós se fueron a otro lugar porque ya no había cultivos. Aún quedan restos de Escós y de las casas que habían. (Mi correctora de cabecera, Inde, me dice que el nombre correcto del pueblo es Escó. Lo corrijo ipso facto en mi crónica, mil excusas al respetable, pero lo dejo en la de Daniel. El lo escribió así.) Me entero por mi Desalmada querida que el día 15 de octubre es el día de los blogs, y que este año está dedicado al Medio Ambiente. Se me atascan los dedos con la cantidad de cosas que me vienen a la cabeza; ríos y montañas violados, aire irrespirable, lluvias sin control, vientos que arrasan, basura por todos los lados y lo que es aún peor.... tanta indiferencia. Como muchos, me cuestiono la herencia que estoy dejando y, caray, me tiembla todo. Me viene a la cabeza una frase que colgaba de las papeleras en un lugar afamado cerca de la casa de mis padres. La dejo aquí con una foto que hizo mi marido hace unos días en la montaña. Creo que esa imagen es un reflejo del amor de los ojos que la hicieron y del deseo, desde ellos, de que todo esto permanezca. “No dejes que digan, y lo hagan para tu vergüenza, que todo aquí era hermoso hasta que tú llegaste”. Este es el relato de mi "hermanico" subiendo el Balaitous este verano. Lo acabo de recibir. Enlace recomendable a montañeros, que alguno pasa por aquí de vez en cuando. Y yo contando paseicos.....ah, la baba se me cae. (Por cierto, es el grandote que está en el centro de la foto) Como no solo de disgustillos vive el hombre, hoy me he propuesto contar aquí una bonita excursión montañera de las mías. Se trata de un paseo realmente sencillo, fácil de hacer con chicos y con un final precioso:la ermita románica de San Adrián de Sasabe. Para llegar hasta ella tenemos dos opciones. En cualquiera de ellas es imprescindible llegar a la bonita Villa de Borau, y salir de ella en dirección a la localidad de Aísa. Nada más abandonar el pueblo encontramos, a mano derecha, un cartel que indica el comienzo del camino. De ahí parte un sendero para hacer a pie que llega hasta la ermita pero que ha quedado abandonado (como demostraban los altos matojos que nos acompañaron casi todo el camino) y que actualmente solo debe usar el ganado de una granja cercana. Nosotros fuimos por allí; resulta una caminatilla de unos 40 minutos sin grandes desniveles y fácil de hacer. La otra opción es bastante más comodona y se puede hacer incluso con silla de niños (si, también con coche pero, de verdad, merece la pena darse el garbeo). A un kilómetro de la salida de Borau, parte hacia la derecha una pista forestal asfaltada en dirección norte. En el cruce podemos ver este "aviso" A un kilómetro de dicho cruce nos encontramos ya con la vista de la hermosa ermita Por lo que he leído después, la iglesia de San Adrián de Sasabe (o Sasave, que lo encuentro escrito de ambas formas) debe ser lo que queda de un antiguo centro monástico del mismo nombre construido hacia finales del siglo XI. Fue sede episcopal de Aragón y cuentan que el Santo Grial (ya sabéis, el cáliz de la última cena) permaneció allí antes de ser llevado a San Juan de la Peña y luego a Valencia. Resulta curioso comprobar que el templo está "hundido" en una especie de barranco, por lo que evidentemente ha soportado más de una inundación...algún motivo tendrían para elegir ese emplazamiento Desde luego el exterior parece restaurado (aquí una no sabe valorar la calidad de esos trabajos) y aunque supongo que habrá habido partes de su fachada que no haya sido posible recuperar el conjunto merece la pena Precioso ¿verdad?, si. Se estaba de maravilla descansando un rato en sus alrededores; ....ya sabían los monjes, ya. Nos hubiese gustado, como no, poder acceder al interior pero solo pudimos ojearlo furtivamente desde la puerta principal. Aún se ven restos de los trabajos que se deben seguir realizando para su restauración... Ah, y aunque mi cámara no da para mucho, pude localizar la "firma" del abad Sancho de Larrosa... Lo dicho: más que recomendable paseo..¿quien se anima? Mercado Medieval en Villanúa. Ainhoa ha conocido de cerca rapaces, ya sabe que hay pájaros distintos de nuestros periquitos y las palomas zaragozanas. La ví entusiasmada con sus aleteos, tuvimos que arrancarla de allí a la fuerza. Por lo visto en este país vacaciones de verano es, irremisiblemente, sinónimo de playa (no importa en qué condiciones) y llegadas estas fechas nos lanzamos en plancha al agosto de los mogollones, los socarramientos mañaneros y el tirante nocturno sin plantearnos probar otras formas de disfrutar. Una pena. Este fin de semana había ambiente por la montaña, se estaba de maravilla. Seguro que unos se fueron de dura caminata, otros a pasear suave, o a visitar alguno de sus hermosos pueblos...nosotros de feria. ¡Hay tantas cosas que hacer y es todo tan bonito! Nunca comprenderé esa obsesión por ir EXCLUSIVAMENE a la playa. Esta andaba aleteando por la Bal D'Iguer, junto a las vacas. Yo no conseguí pillarla más cerca; seguro que con el bullicio de Ainhoa y los renqueos de Daniel debió pensar que mejor no se acercaba. Je, casi debería haber titulado el post "buscando a Wally", pero bueno. Está allí, es la cosica roja encima de esa flor morada. Tendré que ir pensando en mejorar mi cámara...... Pero lo prometido es deuda y esta es, sobre todo, para Pablo que siempre nos regala imágenes hermosas de vida, de pequeña vida, en su "casa". Este fin de semana nos hemos "internacionalizado" un poquito y hemos cruzado el Somport un par de veces. El sábado preciosa caminata por "La route forestière d'Espélunguère" de la que, cuando pueda, colgaré alguna fotillo y el domingo FERIA DEL QUESO EN ETSAU. Bueno, bueno, que maravilla. Merece la pena llegar a este pequeño pueblecito francés solo por admirar sus alrededores Me consta que la vida en estos lugares de montaña tiene que ser dura, sobre todo en invierno, pero no puedo evitar que me brille el ojillo de envidia ante lugares así. Me encanta el ambiente de las ferias, y desde luego está claro que a los españoles nos va muchísimo porque teníamos copado el pueblo Ainhoa pudo ver ovejas, que ya se sabe que la chica necesita su "ración animal" para estar satisfecha Y nosotros le dimos buena cuenta al queso, que era el protagonista del evento. Ah, que placer. Aunque allí había de todo, aquí dejo unas fotos. Sábado a mediodía. Me huele el culo a montaña: llevo toda la mañana bregando por casa para tener todo listo y arrancar dentro de un rato, estrés de tiempo libre debe llamarse esto, je. Después de una semana complicada (salvo el estupendo paréntesis del bloggellón) necesito tomar aire porque la próxima no promete ser mejor. Aunque sean poco más de 24 horas, no me importa. El aire, la calma, la sonrisa son fáciles allí arriba: en cuanto llego se instalan. En nuestro renovado afán montañero con niños, hicimos hace unos días una excursión preciosa, la de las Campas de Gabardito, que quería dejar aquí colgada, entre otras cosas, por que se lo prometí a Santi. Reconozco que ha sido la más dura que hemos hecho hasta el momento con los chicos (mi marido acabó reventado con la peque a cuestas) pero los paisajes merecen del todo la pena.He dejado ahí el enlace a una de las páginas que explica el recorrido. Yo dejaré aquí mi “versión” en imágenes. La ruta comienza en Canfranc pueblo. Muy cerquita de la parada del autobús (en dirección a Jaca) parte una senda que discurre junto a unas bordas que parecen abandonadas Llegamos enseguida a una zona sombría, muy curiosa, en la que llaman la atención unas construcciones de piedra que, por lo visto, deben ser antiguos viveros aunque no lo tengo nada claro (si alguien que lea esto sabe del lugar, agradecería me informara de qué era eso exactamente) Continuamos subiendo en zig-zag, arropados por una vegetación espesísima y preciosa hasta llegar a la Fuente de la Paja donde teníamos la sana intención de refrescarnos... .. si, nuestro gozo en un pozo. Tuvimos que subir algo más, disfrutando de unas vistas de Canfranc pueblo magníficas ..para llegar al enlace con una pista que viene desde Villanúa por la que, en un paseo ya menos sombrío llegamos a la Fuente de los Abetazos donde disfrutamos al fin de agua fresquita y reparadora Quedaba ya el último tirón (una media hora) donde seguir disfrutando, sobre todo, de una vegetación magnífica; las hojas de los abetos creciendo espléndidas ..algún que otro árbol que nos dejó impresionados por su belleza (también agradecería que alguien me dijese su nombre) ..para llegar finalmente a las Campas de Gabardito, desde donde se disfrutan de unas vistas maravillosas, empezando por esta... Se nos había hecho tarde y tuvimos que emprender la vuelta, pero desde allí debe ser un paseo llegar a Los Lecherines..otra vez será. En total dos horas de ascensión (470 m de desnivel según los planos), cansados si, pero la recompensa merece el trabajo. Como si quisiera emular a Harvey Keitel en la magnífica Smoke, desde que comenzamos a subir al Pirineo tengo la costumbre de hacer una foto a La Montaña. La imagen lo merece, desde luego. No importa si la acaricia un atardecer ámbar O, por fin, la cubre la nieve Claro que Auggie, desde la esquina de su estanco, preparaba religiosamente su cámara a la misma hora y desde el mismo ángulo, y dejaba ver a la gente que pasaba. Aquí no hay nadie, solo el tiempo. Yo miro esa montaña desde muchos sitios, y ella siempre me devuelve una imagen hermosa. Desde el río… Enredada en otoño No importa, para mí tiene magia De nuevo la Alpaca desplegando su magia y abriéndonos la puerta de la amistad sencilla: esa que solo ambiciona crear buenos momentos y ser capaz de disfrutarlos. De su mano también cruzamos la frontera para conocer por fin a Jorge y compartir un rato de charla que nos supo a poco. Paseamos por Urdós, su pequeño pueblo, y como viene siendo costumbre se me fueron los dedos con la cámara en un sitio tan hermoso. Los detalles de sus calles (¡solo dos!) Los colores de sus alrededores Incluso algún que otro "habitante" que nos sorprendió por su aspecto y la tranquilidad con que posó para mi cámara Daniel y Ainhoa hicieron una sentada frente al coche porque no se querían marchar, ¡y eso que solo estuvimos paseando!... no digo más. Que maravilla poder escribir esto, poder decir que se ha abierto un nuevo camino de amistad y visitas con que disfrutar cada pequeño fin de semana. Uno de los paseos mas tradicionales de Villanúa es el que lleva a la conocida como "La Fuente del Paco". Hace unos días nos decidimos al fin a conocerlo y pasamos otra mañana estupenda. Creo que debe haber más de un camino para llegar a esta fuente desde el pueblo. Uno debe ser exclusivo para hacer a pie y da la sensación de ser más corto y con más pendiente del que hicimos nosotros (habrá que probarlo en otra ocasión). Desde luego debe ser muy sombrío así que en verano quizá sea mejor. La otra alternativa es subir en coche un buen tramo por una pista sin asfaltar pero en buen estado y desde la que se disfruta ya de un paisaje espléndido Dejamos el coche al lado de una hermosa pradera porque nos parecía mal subir tanto "motorizados". Ainhoa no tardó en darse cuenta de que allí podía haber vacas y no dejó de llamarlas: supongo que en mayo ya las podremos ver pastando en esas inmensas campas. Seguimos pues a pie por el camino (nos adelantaba algún que otro 4x4 pensando, supongo, que éramos unos pardillos dejando el coche tan pronto) pero merecía la pena. No tardamos en cruzar un río, supongo que será el Aragón, desde el que disfrutamos de una vista también preciosa Pasado el río giramos a la derecha y nos adentramos en un bosque que me recordó a las montañas del País Vasco y Cantabria: había pinos de distintas variedades a cuyos pies se extendía una alfombra de musgo verde y fresco ....acebo brillante, flores silvestres... Y finalmente llegamos a la famosa fuente. Enseguida, leyendo el cartel que DGA tiene colocado allí, nos llevamos la sorpresa: Por si no se ve bien, transcribo: "En el lenguaje del país se denomina paco a las laderas umbrías de las montañas, donde los rayos del sol apenas inciden...las aguas de la "fuente del Paco", en consecuencia son apreciadas por su frescura". Toma ya. No había comentado nada pero en mi fuero interno había supuesto que el tal "Paco" debía ser algún forestal entrañable, un alcalde de principios del siglo pasado o algún benefactor de la zona al que dedicaron el lugar. Pues no. Voy a pensar que este error es un clásico: vamos, que no somos los primeros en picar. De cualquier forma el sitio es digno de tortilla de patata, ensaladilla y lo que venga en gana para pasar un rato Repetiremos, si. Tiene que ser una maravilla descansar allí una de esas tórridas tardes de verano que no sabes donde meterte y refrescarte con esa agua deliciosa. Además de vuelta a casa, el camino deja unas bonitas vistas de Villanúa desde el alto Recomendable excursión, sin duda: para "chicos y chacos" que diría mi amatxu. El Pirineo guarda lugares maravillosos para disfrutar, solo hay que buscarlos. Siguiendo el consejo de la Alpaca, hace unos días nos decidimos a conocer el valle de La Garcipollera. Para quienes, como nosotros, pretenden hacer algo con niños pequeños resultó una ruta cómoda y preciosa. Un paseo perfecto para seguir "picando" a nuestros hijos y que se aficionen a la montaña, a la naturaleza... El valle de la Garcipollera guarda los restos de algún pueblo abandonado (Bescós, Acín..) ,un centro que la DGA tiene con animales (para gozo de Ainhoa y de Daniel había vacas de distintas razas, ovejas e incluso burros...) y unos paisajes dignos de disfrutar. Después de un hermoso paseo en el que, por cierto, no dejamos de ver procesionarias a las que Daniel intentó cargarse con su tirachinas o a patada limpia (le dijimos que dañaban los pinos y se lo tomó muy a pecho ....) ..divisamos Santa María de Iguácel Es un premio llegar hasta esta preciosa ermita románica después del paseo. Lástima no poder entrar dentro (ya me informaré de cuando y como se puede) pero no importa, estar a su alrededor es una delicia No tengo conocimientos de Arte, seguro que tanto Inde, como Luisa y Fernando le sacarían chispas, pero me llegó para fijarme en algunos detalles: el pórtico La base de los capiteles Incluso se han dispuesto unas mesas de madera a modo de merendero en un lado: vamos, que la próxima vez nos vamos con el bocata y la ensalada (y no será muy tarde, que en primavera debe estar más bonito aún). La verdad es que no es fácil encontrar sitios para visitar a pie con los peques y esta es, de verdad, una estupenda propuesta, al menos para "no iniciados" como nosotros. Volvimos a casa cansados, satisfechos y muy contentos por haber descubierto un sitio tan hermoso en el que disfrutar los cuatro juntos. Seguiré buscando lugares así..y, si puedo, os los iré presentando. |