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LaMima

La silla de paseo

Hay un objeto en casa que estaba tardando más de la cuenta en salir de la vida de Ainhoa pero al que le ha llegado la hora: me refiero a su silla de paseo.

Cuando era bebé tuvo que pasar más tiempo de lo habitual tumbada en el cuco (su bajo tono muscular, el tamaño de su cabeza y una ligera cifosis lumbar no aconsejaban sentarla más de lo imprescindible) así que paseó por ahí ajena a lo que rodeaba hasta bien pasados los nueve meses.

Fue entonces, ya entrado el verano, cuando Bea (su "fisio") nos propuso fabricarle un molde de escayola que le permitiese ir sentada en silla con una postura correcta y no desparramada como un trapo: ella misma se lo fabricó en un pis pas con unas sencillas vendas de escayola. Aquí lo tenéis convenientemente forrado por el "manitas" de mi santo (si pincháis sobre la foto la podéis ver más grande). Como podéis comprobar Ainhoa iba la mar de contenta con el artilugio...  

 

   

Así, gracias al molde de Bea y a una silla de paseo nueva más pequeña (la que teníamos de su hermano le venía "enorme" y se nos perdía un poco dentro) mi hija "entró" en la vida de la calle, del súper, del parque y empezó a conocer mundo como cualquier niño de su edad.

Han pasado casi cuatro años y esa silla, ya sin molde, aún forma parte de su habitación y de nuestras vidas. Llevo un tiempo barajando la posibilidad de recogerla de una vez (no veo el momento de despejar un poco el almacén de juguetes en que se ha convertido su cuarto) pero tengo que reconocer que me está costando dar el paso.

Ainhoa, con casi cuatro años y medio, no mide más que un niño de 18 meses (para ser exactos 81 cm. pelados en su última revisión) y probablemente tendrán que pasar cuatro o cinco años para que alcance la altura que ahora tienen sus compañeros. Esto, unido a sus peculiares proporciones, dificulta mucho su resistencia (por no hablar de su velocidad) a la hora de caminar ciertas distancias y no me refiero a los pequeños paseos que podamos dar una tarde de sábado, sino a recorridos cotidianos como bajar a comprar, al centro de salud o ir a la escuela como los demás niños de su edad.

Pongo un ejemplo. Aunque tenemos la suerte de tener el colegio bastante cerca de casa, un paseo, no podemos aprovecharlo. He calculado que para entrar a las nueve de la mañana nos haría falta salir, mínimo, a las 8 u 8,10h. y no me cabe la menor duda de que llegaría rendida así que he tenido que descartarlo. Vamos siempre en coche, una práctica a todas luces antieconómica y antiecológica (amén de poco saludable) pero con la que conseguimos dos objetivos: llegar a tiempo con fuerzas para afrontar el día y, sobre todo, no aparecer ante el resto de los chavales del cole como si fuese una niña de dos años.

Podrá parecer una tontería pero este punto me ha preocupado mucho desde que comenzó a ir al colegio. Si todos llegan a pie ella también: hacerlo en silla supone ponerla al mismo nivel que los hermanos pequeños de sus compañeros y no se trata de eso ¿no?.

Lo malo son los días que entramos un pelín más tarde porque tenemos fisioterapia y, apurada por no retrasarnos demasiado, me veo obligada a cogerla en brazos y volar con ella por el patio esperando que no reparen en nosotras. ¡Cuanto me acuerdo entonces de la silla! pero bueno, es un momento: cuando entramos en el edificio de infantil la dejo de nuevo en el suelo y poco a poco recupero el resuello.

De esta forma, haciendo de tripas corazón, de un tiempo a esta parte habíamos restringido su uso a las visitas al centro comercial para hacer compras pero esto también se ha acabado. Con buen criterio, aunque me fastidie, han instalado unos pivotes frente a las escaleras mecánicas para impedirnos la locura de subir por ellas con el carrito pingado (algo en lo que me he convertido en una experta) así que la única forma de acceder a las plantas superiores es el ascensor.

Teniendo en cuenta el civismo de que hacen alarde muchos adolescentes que frecuentan el centro (capaces de pegarse más de un cuarto de hora esperando al ascensor por no bajar por las escaleras ¡mecánicas!) a los que jamás se les ocurre cederte el paso por sí mismos si has llegado más tarde  y algún que otro adulto agotado después del cine que se hace también el sueco....he tomado la determinación de ir a pie.

Así que: nada de silla para el cole, nada de silla para comprar… me temo que ha llegado el momento.

Ir a pié nos va a restar mucha autonomía, como a cualquiera claro, pero no queda otro remedio. Tiene ya cuatro años y medio y unas ganas locas de hacer y presentarse ante el resto como una más. A la silla se le acabó el tiempo.

(La de la foto del principio soy yo con unos 9 meses en mi megasilla sesentera; creo que mi hija tiene ahora más o menos el mismo tamaño que yo entonces.Lo que observo es que tenemos más parecidos de los que creo, ¡que alegría!. Otro día hablamos de eso).

12 comentarios

Luisa -

Me parece bien y lógico. Ya es hora de que Ainhoa vaya entrando poco a poco en las cosas tal y como serán.
Ah, los pivotes de las escaleras del centro comercial... mi hermano es un auténtico experto en bajar con la supersilla de ruedas de Daniel por las escaleras mecánicas y a mi se me ponen los pelos de punta. Me alegro de los pivotes. Pero el otro día con buen criterio también, él me decía que tendría que poner más ascensores, porque si usamos malamente las escaleras es porque los ascensores no son suficientes. Es verdad.
Qué rica tú, ahí en esa silla sisi emperatriz, hija...
Besotes

Mamen -

Dentro de unos días ni te acordarás de la silla...pero si en algún momento tuvieras necesidad por lo que sea de ella...no pasa nada... creo yo...
Un abrazo

Entrenomadas -

A mí me parece una decisión acertada.

Anda, que Ainhoa está monísima, pero tú estás para comerte, con esos mofletones. Qué monas las dos.
J.Clemente, el de la cornea, dice algo así eso como "pies para que os quiero", tiene razón.

kisses,

M

Inde -

Pues yo a Ainhoa la veo más a tu madre: es una Marisol fotocopiada, tía, no me digas que no.

Lo del carro: chica, estupendo. Y lo de cogerla en brazos... pues yo creo que ambas, en cada circunstancia, haréis lo que sea natural, sin forzar demasiado las cosas. Está claro que no vas a perder nunca de vista que Ainhoa tiene que ser autónoma, que vas a estar muy pendiente de eso; pero si alguna vez toca cogerla en brazos y correr... creo que ella también se sentirá que eso es más normal en ese momento concreto, ¿no? Igual forzar lo otro también resultaría en un momento agobiante para ella...

En fin, que con Ainhoa, como con todos los demás niños, andamos siempre con la táctica del "ensayo y error". No es que sea la mejor, es que es la única que hay.

Besos, y hala, a hacer pierna.

unjubilado -

Al principio me he asombrado de la primera foto, luego al ir leyendo se ha aclarado mi confusión.
Evidentemente os parecéis mucho.
Un abrazo

patri -

Pero como se parece tu sillita al pedazo de Arrue que llevaba mi prima para sus peques... qué chungo para maniobrar! (pero qué elegante, maja! ;-)
Me alegro por vuestra decisión, Ainhoa es una campeona y se esforzará para llevar el paso y llegar dónde haga falta. Cogerla en brazos de vez en cuando es inevitable y es lógico que lo hagas los días de fisio porque llegáis un poco tarde... poco a poco. Besotes

Lamia -

Y si, la nena se parece mucho a ti.

Lamia -

A veces, Inma, hay que perder un poco para ganar.
Un beso, guapísima.

Rosa. -

Yo pienso que habéis acertado con esa decisión. Dices que ir a pie os va a restar autonomía, pero yo pienso que, en caso de que sea así, seguramente eso se verá compensado por otras cosas muy buenas que también os puede traer. Tarde o temprano había que dar el paso.
Muchos besos.
Rosa.

Elena -

Un nuevo paso, una nueva meta...¡enhorabuena por la decisión! Cuando he visto la foto en blanco y negro me ha recordado a Ainhoa, pero claro no era ella.....¡ahora que sé quién es, ya sabemos a quién se parece ja,ja,ja!...un beso.

Cuando decidí sacar de nuestras vidas el carricoche, me acordé de las veces que en urgencias he estado con los peques en brazos sin un lugar donde poder dejarlos mientras esperábamos resultados..ahora ya no ocurre eso, nuestro carrito está en el Hospital de Getafe, en las Urgencias de Pediatría, lo donamos.

Javier López Clemente -

¡¡Venga arriba ese ánimo!! Es una buena noticia: Pies para que os quiero
;-)

Salu2 Córneos

kenia -

APLAUSOS, APLAUSOS Y APLAUSOS. Te lo dice una madre, que justo ahora, está viviendo ese mismo dilema. Me parecía que contaba yo la historia del colegio, de cogerla en brazos para llegar rápido (y ella, mi hija me dice. bajame ya, por favor!). Si, nosotras les tenemos que igualar a sus semejantes y transmitirles fuerza de que se puede todo en esta vida. Tu hija, como la mia. Disfrutan cuando se ven demotrando que son capazes, por supuesto que por los apuros de la vida no podemos frustrar su orgullo de YO TAMBIEN!
SALUDOS KENIA
diarioconmihija.blogspot.com