LaMima |
![]() |
Un nuevo horizonte.
|
Cada miércoles espera paciente vernos salir del aula. Siempre va vestida de forma impecable, con un par de gomitas infantiles a juego sujetando dos delgados hilillos de cabello rubio y con esa sonrisa que, al fin, la confianza que da la rutina dibuja en su rostro cuando nos ve. Ainhoa, harta creo yo de ser el centro de atención allá donde va, no consiente a veces hacerle caso y Lucía me mira desde sus enormes gafas con un cristal blanquecino (por aquello del ojo vago) pidiendo ayuda. No puedo evitar acariciar su rostro y esa piel, tremendamente pálida (casi transparente), me devuelve una suavidad increíble. Siento entonces una ternura hacia ella que no soy capaz de explicar. Descubrí hace poco que la conocía desde pequeña: Lucía es aquella niña menuda que paseaba en el carro atada a una bombona de oxígeno bajo la mirada asustada de unos padres como nosotros, perdidos en ese mundo nuevo que se abre cuando llega un "niño diferente". Curiosamente, tres años después, ambas reciben atención temprana los mismos días en el mismo centro. Recuerdo como en aquel tiempo su madre y yo cruzábamos nuestras miradas en silencio cada una empujando su sillita, su desconcierto. Probablemente en aquellos momentos sopesábamos, de forma inconsciente, quien de las dos era más desafortunada. O afortunada, segun el momento. Han pasado tres años. Veo ahora en esa madre la misma sonrisa de alivio (o resignación o asunción) que me devuelve mi espejo. Hemos recorrido ese camino y hemos conseguido llegar hasta aquí sin abandonar y seguramente con las cicatrices justas por dentro. Mientras Lucía sonríe y juega, como mi Ainhoa, feliz y ajena a todo este revuelo. Comentarios » Ir a formulario Fecha: 17/11/2008 19:18. Fecha: 18/11/2008 07:09. Fecha: 18/11/2008 09:42. Fecha: 18/11/2008 19:57. Fecha: 19/11/2008 07:48. |
Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras