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Esther

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"Al sistema le falta un hervor en calidad humana" fue la frase con que Rafael Bengoa inició la presentación de ANALFABETOS SENTIMENTALES después de escuchar a Esther este sábado.

Creo que no había mejor modo de preceder la llegada de ese libro que dejar resonar las palabras justas, cuidadas, y honestas de Esther Lechón explicando a todos (y en especial a toda la clase médica y política que por ahí rondaba) el increíble y espantoso periplo que su familia recorrió hace más de un año y del que ya han quedado presos. 

Acompañada de Carmen Alonso (siempre su apoyo, su complicidad cuando vienen mal dadas), Esther leyó con ese aplomo que se ha tenido que forjar, y que a menudo nos desarma, la sucesión de circunstancias, soberbias, desprecios y faltas que llevaron a intervenir la columna de un niño con una displasia ósea poco común como si fuese un trabajo de todos los días y que ha derivado en dejarlo tetrapléjico. Y los modos con que todo eso fue "perpetrado".

No quiero entrar en los pormenores médicos del asunto, no es lugar, sólo quiero indicar someramente lo que obviamente ocurrió: no se dió la importancia que merecía al diagnóstico concreto de la displasia de Isaac (que se había conseguido en EEUU gracias a la intervención de la Fundación Alpe) y que la familia puso a disposición de ese equipo médico. 

Vistas las dificultades que una primera intervención fallida demostraron, volvieron a poner en solfa la ayuda de un equipo de expertos americanos que se pusieron a disposición de la familia y el centro a través también de Alpe y se lanzaron a la nefasta segunda operación.

Y finalmente la guinda; una vez puesto en evidencia el desastroso resultado fueron incapaces de afrontar su responsabilidad, informar a la familia, acompañarles, facilitar soluciones ..... Las avestruces metieron la cabeza en el suelo.

Rebozad todo esto con la más absoluta falta de empatía, con el más indignante desprecio y tendréis el cóctel que esta familia tuvo que tragar.

La sucesión de despropósitos que Esther relató (y que desgraciadamente seguímos en triste directo, impotentes, aquellos días) dejó ojiplático al público, sobre todo a algún médico que escuchaba el relato a través del sistema de traducción y no daba crédito.

Fue sobrecogedor escucharla, es cierto, pero el objetivo de Esther con su intervención no era crear lástima, para nada; su actitud serena lo demostraba. Ella tenía un mensaje claro para el sistema sanitario, y para los médicos: "señores, de los errores se aprende así que, por favor, hablen también de ellos".

30/09/2019 08:18 LaMima #. DE OTRAS VIDAS

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